Conectándonos

El Mundo de Osho

Abril de 1996


El santo y la prostituta

Un hombre santo y una prostituta vivían enfrente uno del otro. Ambos murieron el mismo día. El alma de la prostituta fue llevada al cielo. La del hombre santo, sin embargo, fue llevada al infierno. Los mensajeros que habían venido para llevarlos estaban confundidos. Se preguntaban entre ellos, "¿Qué salió mal? ¿Es este un error? ¿Por qué debemos llevar a este hombre santo al infierno? ¿No era un hombre santo?"

El más sabio entre ellos dijo, "Si, el era un hombre santo, pero envidiaba a la prostituta. Constantemente pensaba en las fiestas en la casa de ella y en el placer que allí se dispensaba. Las notas de la música que llegaban a la deriva a su casa lo afectaban hasta la médula. Ningún admirador de la prostituta, sentado en frente de ella, se conmovió nunca tanto como él lo estaba, oyendo los ruidos que venían de la residencia, el sonido de las campanillas de danzar que ella llevaba en sus tobillos. La totalidad de su atención estaba siempre enfocada en su lugar. Aún cuando estaba adorando a Dios, sus oídos estaban sintonizados a los sonidos de su casa.

"Y la prostituta? Mientras languidecía en el pozo de la perdición, siempre se preguntaba en qué misteriosa bendición se encontraba el hombre santo. Siempre que lo veía llevando flores para la adoración de la mañana, se preguntaba, '¿Cuándo seré merecedora de llevar flores de adoración al templo?, soy tan impura que apenas alcanzo a reunir suficiente coraje para entrar al templo.' La prostituta solía sentirse transportada por el humo del incienso, el brillo de las lámparas, el sonido de la adoración hacia una suerte de meditación, tal como la que el hombre santo nunca pudo. La prostituta siempre ansió la vida del hombre santo, y el hombre santo siempre deseó los placeres de la prostituta."

Osho, Y aquí, y ahora.
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Un ruso, un cubano y Sw. Deva Banana están en un tren recorriendo Europa. El ruso saca una gran botella de vodka, sirve a cada uno de sus compañeros un trago y luego arroja la botella, aún medio llena, por la ventana.

"Por qué hizo esto?", pregunta Sw. Banana.

"Hay tanto vodka en mi país," responde el ruso. "Tenemos más de lo que podemos consumir."

Más tarde, el cubano pasa una caja con cigarros cubanos. Cada uno toma uno y lo enciende, luego, el cubano arroja el resto de la caja por la ventana.

"¡Por dios!," exclama Banana, "¿por qué hizo eso?"

"Los cigarros," responde el cubano, "están a diez centavos la docena en mi país. Tenemos tantos que no sabemos que hacer con ellos."

Sw. Banana se sienta en silencio por un rato. De repente, se levanta, agarra a un sacerdote y lo tira por la ventana.

Osho

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Vistazos a una niñez dorada

Este libro que sostienes es una historia singularmente verdadera.

Es una historia de verdad

Había una vez una ciudad llamada Rajneeshpuram, en Oregón, en ese delirio que llamamos América, en la cual un Maestro viviente, Osho, iba al dentista.

Esto, por si solo, no es inusual. (Aún los seres iluminados tienen dientes). Lo que es singular es que el Maestro convirtió esta ocasión aparentemente ordinaria en un evento, otra oportunidad para compartir su ser con nosotros. El trabajo dental era bastante rutinario y, cerca del final, Osho decía calladamente unas pocas palabras como si para si mismo. Devageet las escribió.

Devageet no tenía idea de lo que estaba haciendo. No se hubiera imaginado que estas pocas palabras serían las primeras chispas que habrían de encender un gran fuego. Pero el Maestro si lo sabía. Había visto las palabras escritas y más tarde en la mañana convocó una reunión.

Fueron cuatro los que asistieron a esta reunión misteriosa: Devageet, el dentista; Devaraj, el médico personal de Osho; Ashu, la asistente dental y Vivek, quien cuidaba a Osho.

A la hora acordada fueron conducidos al cuarto de Osho y aquellos que aún no lo habían visto recibieron una pequeña sorpresa. En lugar del tan publicitado lujo, el Maestro estaba sentado en un cuarto con el piso cubierto de baldosas de linóleo, casi vacío. No había nada de mármol, ni adornos de oro, ni cortinajes. El cuarto estaba vacío salvo por su silla y tres baldes de plástico.

La lluvia de Oregón, que en cada invierno tornaba la tierra de alrededor en un valle de barro pegajoso, había penetrado por el techo, y estos baldes, comprados en el mercado, habían sido ubicados estratégicamente para capturar el agua que goteaba constantemente a través del techo del remolque.

Osho, por supuesto, estaba totalmente relajado y, al ritmo de las gotas, invitó a todos a que se sentaran. Les dijo que las palabras que se dijeran en las sesiones de odontología se habrían de escribir y convertir en libros. Devageet habría de tomar las notas. Devaraj habría de editar, Ashu ayudaría y mecanografiaría y Vivek habría de tomar algunas fotos nuevas para el libro.

De la introducción al libro,
por Sw. Deva Abhinandan

Masto

Que estaba diciendo?

"Estabas hablando acerca de Masto ... siempre llamándolo Masto."

Masto, bien.

El era un rey, no un rey de barajas, ni siquiera un rey de Inglaterra, pero un rey de verdad. Se notaba a simple vista. No se necesitaba más para probarlo. Es extraño que él fuera la primer persona que me llamara "El Bendito", Bhagwan.\nCuando el lo dijo, yo le dije, "Masto, acaso te has vuelto tan loco como Pagal Baba, o aún más?"

El dijo, "De ahora en más, recuerda, yo no te llamaré de otra forma que como te acabo de llamar. Por favor," dijo, "déjame ser el primero, pues miles te llamarán 'El Bendito'. Al pobre Masto se le debe permitir, por lo menos, ser el primero. Al menos, déjame tener ese privilegio."

Nos abrazamos y lloramos juntos. Aquel día fue nuestro último encuentro; apenas el día anterior yo había tenido la experiencia. Era el 22 de marzo de 1953 cuando nos abrazamos sin saber que esta iba a ser nuestra última reunión. Quizás el lo sabía, pero yo no estaba consciente de ello. El me lo dijo con lágrimas en los ojos.

[...]

Masto debe haber sido un dios nacido en este mundo. Esa es la única forma de expresar lo hermoso que era. Y no es sólo por la belleza de su cuerpo, que era ciertamente bello. Yo no estoy en contra del cuerpo, yo estoy totalmente a favor de él. Yo amaba su cuerpo. Yo acostumbraba tocar su cara, y el me decía, "¿Por qué tocas mi cara con los ojos cerrados?"

Yo respondía, "Tu eres tan bello, y yo no quiero ver nada que pueda distraerme, así que dejo mis ojos cerrados .. así te puedo soñar tan bello como eres."

¿Advierten mis palabras? , "así te puedo soñar tan bello como eres. Quiero que tú seas mi sueño." Pero no era solamente su cuerpo lo que era bello, ni su cabello, nunca había visto cabello tan bello, especialmente en la cabeza de un hombre. Solía tocar y jugar con su cabello, y el se reía.

En una ocasión me dijo, "Esto si que es algo. Baba estaba loco, y ahora me ha dado un maestro que está más loco aún. Me dijo que tú tomarías su lugar, así que yo no puedo impedirte que tu hagas lo que quieras. Aún si tu me cortaras la cabeza, yo estaría listo y dispuesto para ello."

Yo dije, "No tengas miedo, no te cortaré un cabello siquiera. En lo que se refiere a tu cabeza, Baba ya ha hecho el trabajo. Sólo el cabello queda." Entonces, ambos nos reímos. Esto ocurrió muchas veces de muchas formas.

Pero el era hermoso, físicamente, y psicológicamente también. Siempre que yo estaba necesitado, sin preguntarme, para no ofenderme, el dejaba dinero en mis bolsillos. Ustedes saben que yo no tengo bolsillos. ¿Saben la historia de cómo perdí los bolsillos? Fue Masto. El acostumbraba poner dinero, oro, todo lo que pudiera, en mis bolsillos. Finalmente decidí abandonar la idea misma de tener bolsillos; eso tienta a la gente. O te cortan el bolsillo y se hacen carteristas o, muy esporádicamente, con un hombre como yo, se vuelven personas como Masto.

El esperaba hasta que yo me fuera a dormir. De vez en cuando yo simularía, como si estuviera dormido. Debía hasta roncar para convencerlo, entonces lo pescaría infraganti, con sus manos en mi bolsillo. Le decía, "Masto! Es esta la forma del sabio?" Y ambos nos reiríamos.

Finalmente abandoné la idea de tener bolsillos. Yo soy la única persona en el mundo que no necesita bolsillos en lo absoluto. De alguna manera, es bueno, pues nadie puede cortar mis bolsillos. También es bueno pues yo no tengo que cargar ningún peso. Alguien más puede hacerlo. Yo no necesito hacerlo. No he necesitado mis bolsillos por años; alguien se las ha arreglado en mi lugar.


Arcoiris

Hace ya unos siete años, viajaba yo en el tren subterráneo en Buenos Aires, camino a mi oficina, leyendo El Sutra del Corazón. Estaba en el párrafo que dice:

El conocimiento es la maldición, la calamidad, el cáncer. Es a través del conocimiento que el hombre se separa del todo. El conocimiento crea la distancia.

Te cruzas con una flor silvestre en las montañas, no sabes lo que es, tu mente no tiene nada que decir al respecto, la mente está callada. Miras la flor, pero ningún conocimiento surge dentro tuyo- hay asombro, hay misterio. La flor está allí, tu estás allí. A través del asombro tu no estás separado, tu estás unido.

Si tu sabes que es una rosa, una margarita o alguna otra cosa, ese mismo conocimiento te desconecta. La flor está allí, tu estás allí, pero ya no hay ningún puente - ¡tu sabes! El conocimiento crea la distancia. Cuanto más sabes, mayor es la distancia; cuanto menos sabes menor es la distancia. Y si tu estás en un momento de no saber, no hay distancia tu estás unido.

Casi al llegar al fin de ese párrafo, un pequeño arcoiris cruzó la página. No habría sido tan sorprendente si no fuera que me encontraba 10 metros bajo tierra en un túnel oscuro. Siendo bastante versado en ciencias, no me tomó mucho tiempo en encontrar la causa de tal fenómeno.

De pronto, cuando acababa de ponerle una etiqueta al arcoiris, el significado del párrafo que acababa de leer cayó sobre mi. Estaba tratando de analizar la naturaleza física del arcoiris, ponerle una etiqueta, un rótulo, encuadrarlo dentro de mi conocimiento, en lugar de dejar, simplemente, que estuviera allí - y admirarlo.

Sw. Satyam, Larkspur, California

Que hago aquí.

¿Como llegué a compaginar este boletín? Muy simple, Dhanyam me lo propuso y yo dije, ¡por qué no! Desde muy temprano me vi involucrado, muy ocasionalmente y brevemente, en este tipo de empresa. En mi primera estadía en Puna, entre un grupo y otro, fui a dar una mano en traducir para el entonces Rajneesh Times en castellano. Carrera meteórica, podría decirse, ya fuera por mi habilidad o, lo más probable, por la falta de suficientes hispanoparlantes que pudieran o quisieran hacerlo. En el par de meses que estuve pase de traducir la columna de numerología al mismísimo discurso de Osho. ¡Qué fascinante experiencia traducir Sus palabras!, no solo como quien lee un libro o escucha sus discursos sino poniendo la mayor atención a cada una de sus frases para que aquellos que las hubieren de leer, pudieran captarlas en su totalidad dentro, obviamente, de los limites de mi propia comprensión.

Pasan los años y ya ni vivo en un país de habla hispana y alguien que ni siquiera habla castellano me viene a proponer hacer Conectándonos. A Osho hay que decirle que no desde el principio o verse sometido a este tipo de sorpresas. Pero yo no fui capaz, en su momento, de decir que no, por suerte. Si a esto le sumamos que raramente leo algo de Osho, pareciera que soy la persona menos indicada para esto; sin embargo, Conectándonos hace que me conecte con mi lengua, con mi Maestro y con ustedes.

En este medio año he tenido la oportunidad de compartir con ustedes vuestras historias y hemos recibido, en Viha, numerosas cartas de agradecimiento que, por nuestra parte, agradecemos pero no reproducimos para no darnos aires. Al tiempo se sumó Taruno, otro Argentino también lejos de su cuna, que, afortunadamente, recuerda mejor su gramática que yo. (Alguien nos ha comentado nuestros errores, como si de dos argentinos, emigrados y, encima, Arquitecto el uno, Ingeniero el otro, pudiera esperarse mejor castellano!)

Siento, además, que Conectándonos nos hace falta. Nuestra lista de distribución abarca este continente de extremo a extremo, España, Puna y alguno que otro lugar por allí y por acá, con unos 100 nombres que, en algunos lugares, se multiplica por muchos más.

Y, de pronto, nos llega una carta desde una cárcel donde nuestro lector nos agradece y nos hace saber que hace circular Conectándonos entre sus compañeros.

O desde Cuba, donde Benito nos hace saber de su esfuerzo para difundir a Osho y cómo le saca el mejor provecho a sus preciados y escasos libros, prestándolos a amigos y pacientes. Quizás no haya más que unos pocos libros de Osho en toda Cuba. Aquellos libros que ustedes quieran enviar pueden hacer una gran diferencia, no importa que estén repetidos, pues Benito los va prestando a distintas personas. (abajo repito la dirección)

Creo que todos, en un momento u otro, sentimos que debemos retribuir algo de todo lo que Osho nos ha dado. A veces, nuestro ego fanfarrón, delira con grandes proyectos. De pronto, y de la forma más inesperada, alguien viene con una idea sencilla, y uno comienza a juntar historias de aquí y de allá, a compaginarlas, copiarlas, ensobrarlas y despacharlas por correo y comienzan a suceder cosas..

Alguien que nos pide un mala, otro que no sabe dónde hay un centro de meditación en su ciudad, u otros sannyasins con quienes entrar en contacto; otro que quiere ir a Puna y no sabe cómo, o qué esperar al llegar a India ... otro que ni siquiera sabe dónde es Puna.

¿Quién sabe qué puede surgir? (y aquí entra de nuevo el ego fanfarrón, ¿o será mi argentinidad que me pesa? Adivinanza: ¿Saben cómo se suicida un Argentino? Solución: se trepa a su ego y salta al vacío.)

... Alguien quizás tenga algunos capítulos de algún libro de Osho que haya comenzado a traducir y le ha faltado la energía para continuar... conectándose con otros que se atrevan a hacer, quizás, no más que un capítulo. Alguien que quiera recorrer el continente ... conectándose con otros que lo puedan hospedar y ayudar.

Como todo, tiene sus altibajos. Fue una gran alegría cuando logramos llegar a cubrir dos páginas. En este ejemplar, por el contrario, no hay ningún material de ustedes. Queremos mantener el contacto, por eso salimos adelante con este ejemplar. Vieron que no hay ninguna nota de, por decir, Prem Papaya? Bueno, es que no la mandó. Joderse, pues, habrán de leer mis historias.

Queremos que se acostumbren a que estemos allí, nosotros, digo, aquellos que lo producimos y aquellos que nos traen sus historias y experiencias. Aunque tampoco queremos que lo den por sentado, esa estampilla que ven en el sobre salió algún lado.

Para ser concretos, al momento, hemos recibido 3 suscripciones y una generosa donación de $500. Hagamos un poco de aritmética: a un dólar la estampilla, 100 estampillas ... ¿se va captando?

Por ello, pedimos vuestra ayuda, pagando cada quien sus estampillas, o ahorrándonos el franqueo diciéndonos, 'gracias pero no me interesa' o 'gracias, voy a compartir la copia de Pepe' o 'yo me encargo de distribuirla a tal y cual'.

Sin embargo, y por sobre todo, nada de esto tendría sentido si no hubiere algo que compartir. Si hay voluntad de conectarse, todo esfuerzo de nuestra parte no es una carga sino un placer.

¿Por qué no publicamos, simplemente, discursos de Osho? Porque nuestra comunidad está viva. No adoramos a aquellos cuyas enseñanzas fueran puestas en papel (papiro o pergamino) siglos ha. Tenemos un Maestro cuya frescura aún perdura en todos nosotros; quien ha creado una comuna, no una religión. Las religiones adoran imágenes inertes, las comunas se forman con gentes, nosotros, que estamos vivos y a quienes nos suceden cosas.

Ir 'Conectándonos' es una forma de mantener el vínculo que mantiene nuestra comuna viva.

Sw. Satyam, Viha

PD: La dirección de Benito:

Benito Formigo Salabarría
Comunidad Nro 1, "La Cabaña"
Habana del Este
Ciudad de La Habana
Cuba


Cierto día, Mendel Kravitz vuelve a su casa y encuentra un extraño sobre su mujer desnuda, con su cabeza entre sus grandes senos.

"¡Qué está pasando!" grita Mendel.

"Bueno, esteee.. , estoy escuchando música," contesta el extraño.

Mendel pone su cabeza al lado de la del extraño y protesta, "Yo no escuho nada."

"Claro que no," contesta el extraño, "usted no está enchufado"

Osho, Sat Chit Anand
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